El colibrí

Tiene un movimiento que no es fácil de imitar, porque es perfecto, sin embargo uno lo puede disfrutar en su vuelo quieto. A veces, cuando llegan al Zendo y van de flor en flor en la épocas de lluvia, quiero aprender su quietud para vivir sin apego a las flores. Pero el ojo humano es lento y el colibrí puede escapar de la mirada; es como una idea que habita la cabeza, va y viene: nos parece que es nueva pero no es así. El colibrí es como esa idea que va y viene para recordarnos que no hay nada firme aunque esté fijo en el espacio; el colibrí e enseño que no debo alimentar esa ilusión, solo debo aprender de este tiempo; su vuelo es algo que no interrumpe las voces de la esperanza. Un colibrí quieto es un instrumento que expresa todo lo posible de la naturaleza, para que nuestros ojos no solo se regocijen, sino valoren la vida como un movimiento que se alimenta de la quietud cuando llega la lluvia… el colibrí también sabe estar quieto.

Relatos de un Zendo mexicano.

Sergio Lopez Ramos.

“Nuestro asunto es el arte del bien vivir”…

Caréme…